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La tercera revolución industrial

Un gigantesco parque eólico en el Mar del Norte, una gran central geotérmica cerca de Hannover e inversiones por miles de millones para generar electricidad en el desierto: Alemania responde a los desafíos del cambio climático con alta tecnología verde en gran estilo.

Georg Meck

Una ola verde se propaga por Alemania: la industria ambiental será hasta el año 2020 el más importante sector económico y gran creador de empleo. “La técnica ambiental es la industria líder del siglo XXI”, dice Burkhard Schwenker, director de la asesoría de empresas Roland Berger. Los asesores analizaron las perspectivas del sector, realizando un sondeo entre 1300 empresas y 200 institutos de investigación. Los resultados dan pie a grandes esperanzas: la facturación de la industria ambiental global más que se duplicará hasta el año 2020, alcanzando a 3,1 billones de euros. Y Alemania marcha a la cabeza. La técnica del sol, el viento y el agua es ya hoy todo un éxito de exportación.

Las empresas alemanas se cuentan entre los pioneros tecnológicos a nivel mundial. Su participación en los mercados de las técnicas fotovoltaica, de térmica solar, eólica y de fuerza hidráulica es de entre el 21 y el 35 por ciento. Entre los fabricantes de plantas de biogás, Alemania es la número uno en el mercado. “El 90 por ciento de las plantas son fabricadas en Alemania”, dice el asesor de empresas Torsten Henzelmann. El 14 por ciento del producto interno bruto alemán será generado en el 2020 en el nuevo sector en auge. Dentro de una década trabajarán allí 2,2 millones de personas, actualmente son 1,1 millones.

La economía alemana se está transformando profundamente: ya no serán los automóviles, ni la química ni la fabricación de maquinaria lo que caracterizará al país y creará empleo y bienestar, sino la alta tecnología verde. Hace tiempo que la tecnología verde salió de una posición ecológica marginal y pasó al foco de la actividad económica. El movimiento ecológico sin duda la benefició, preparando el terreno en la sociedad y la política. Severas leyes ambientales y subvenciones favorecen el ascenso de las empresas ambientales. “La técnica ambiental es uno de los temas preferidos de los gobiernos y recibe el consecuente apoyo”, dice Henzelmann.

Dado ese entorno, la ingeniería alemana pudo demostrar sus cualidades en una serie de sectores: energías renovables, eficiencia en el uso de los materiales y las materias primas, el transporte sostenible, la gestión de aguas y la eliminación de residuos ecológicos. La tecnología verde “made in Germany” ocupa un lugar de punta. EE.UU. y China hacen progresos, dice Dietmar Edler, del instituto de investigaciones económicas DIW, con sede en Berlín, “pero Alemania podrá conservar su liderazgo, porque su ventaja tecnológica es considerable.”

Las ganancias que promete el sector ecológico atraen a cada vez más inversionistas privados. Nuevas pequeñas empresas se alían con gigantes industriales, lo que aporta capital y experiencia al sector. El abastecedor de componentes para automóviles Bosch, por ejemplo, definió la técnica ambiental como nuevo pilar de la empresa, invirtiendo inmensos recursos en firmas del sector. El constructor de maquinaria Voith, un grupo empresarial con sede central en el Estado de Baden-Wurtemberg y 140 años de historia, impulsa por su parte la generación de energía a través de las olas en las costas de Escocia.

Siemens, uno de los grandes “global players” alemanes y también ya con 160 años de historia, ha captado el espíritu de los tiempos y se define ahora como “mayor grupo verde de infraestructura en el mundo”. Bajo el lema “Complete Mobility”, participa en todo el mundo cuando se trata de eficiencia energética. En el Estado de Renania del Norte-Westfalia implementa el mayor proyecto europeo de gestión de transporte, que lleva el nombre de “Ruhrpilot”. Y desarrolla actividades en el transporte público de cercanías en metrópolis como Oslo y Lisboa. Además es una de la docena de renombradas empresas que lanzaron el visionario proyecto “Desertec”.

La idea es osada: el sol del Sahara soluciona nuestros problemas energéticos. El objetivo es generar en los desiertos de África energía sin emisión de CO2, que cubra un 15 por ciento de la demanda de Europa y una parte considerable de la demanda de los países productores. Los costos del proyecto se estiman en 400 mil millones de euros, el comienzo de los trabajos de construcción aún no está definido. La energía se generará en centrales térmicas solares: la luz del sol es concentrada con ayuda de espejos y calienta un fluido que circula por tubos. La corriente eléctrica será transportada luego 3000 kilómetros hasta Europa a través de una nueva red eléctrica. Con su alto grado de eficiencia y los menores costos de generación entre las tecnologías solares, las centrales térmicas solares poseen el potencial de generar ya a mediano plazo corriente a costos com­parables a los de las centrales convencionales. En octubre será fundada la sociedad de planificación. “Los potenciales eco­lógico y económico son enormes”, dice Torsten Jeworrek, miembro del directorio de Münchner Rück, una de las empresas impulsoras del proyecto.

La técnica necesaria para ello puede verse en Jülich, cerca de Aquisgrán, si bien aún en modestas dimensiones. Allí comenzó a funcionar en agosto una singular central solar: 2500 espejos dirigen la luz hacia la punta de una torre de 50 metros de altura. Allí, la energía solar es transformada en corriente eléctrica. “Es una puerta al futuro de las energías renovables”, dice Sigmar Gabriel, el Ministro de Medio Ambiente. La planta, que costó 22 millones de euros, alimentará la red con 1,5 megavatios por año, corriente suficiente para abastecer a 350 hogares.

La búsqueda de energías renovables continúa siendo uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Se investiga y desarrolla en todas direcciones, generalmente con la participación de grandes grupos energéticos. Un ejemplo es “Alpha Ventus”, el primer parque eólico alemán de alta mar, 45 kilómetros al norte de la isla de Borkum, en el Mar del Norte. Los planes prevén construir en los próximos años parques con una potencia de hasta 40.000 mega­vatios en los mares del Norte y Báltico, capaces de abastecer a ocho millones de hogares con electricidad.

El sol, el viento y el agua se usan ya para generar electricidad. El calor de la Tierra, la geotermia, es otra promisoria posibilidad. El Gobierno federal apoya esa técnica con un programa de 400 millones de euros. En 2008, el número de empleos en el sector se duplicó, de unos 4500 a 9100. Cerca de Hannover se construye una central geotérmica, en la que el calor del interior de la Tierra es sacado a la superficie. La idea es fascinante, ya que esa fuente de energía es inagotable y, a diferencia del sol y el viento, el calor está siempre a disposición.

El proyecto piloto, bautizado “GeneSys”, comenzó en junio de 2009 con las primeras perforaciones. Se prevé que dentro de cuatro años se extraigan dos megavatios de calor de las profundidades. Los taladros descienden hasta cuatro kilómetros de profundidad. Cada kilómetro, la temperatura aumenta unos 30 grados. ¿Pero cómo transformar el calor en energía? La central bombea agua hacia abajo. El agua se calienta a unos 150 grados y regresa a la superficie, donde se utiliza para la calefacción de edificios. Con el proyecto se aspira a ahorrar 15 millones de euros en combustibles. Si funciona, “será un modelo para muchas parte de Europa”, dice Michael Kosinowski, director del experimento.

Sea cual sea la técnica verde que se investigue y pruebe en empresas alemanas, siempre se piensa en el mercado mundial, ya que los pronósticos para el sector ambiental global son muy prometedores. Los indicios de ello son inequívocos: la población mundial crece continuadamente, pero los recursos son limitados. En el año 2030, dos tercios de la población mundial vivirán en metrópolis, que deberán acometer inmensos desafíos ecológicos. Si los países emergentes se industrializan y el bienestar global crece, aumentará forzosamente la demanda de energía limpia y de transporte de bajo impacto ambiental, adquiriendo la protección del clima cada vez más importancia.

Con el Presidente Barack Obama, también Estados Unidos apuesta por la energía verde. La meta es que hasta el año 2025, el 25 por ciento de la corriente provenga de fuentes renovables: grandes posibilidades de ventas para células solares y aerogene­radores “made in Germany”. La eficiencia de los equipos aumenta continuamente, lo que reduce los costos y hace aumentar su competitividad. “Cuando las energías renovables cuesten lo mismo que las convencionales, la demanda explotará”, dice Torsten Henzelmann, de Roland Berger.

La actual crisis de la economía mundial no detiene a la ola verde. Al contrario, algunas empresas se benefician de la crisis: hallar ingenieros ahora es más fácil. Y más importante aún: los Gobiernos orientan sus programas de lucha contra la recesión según criterios ecológicos. No hay prácticamente país alguno que no ponga a disposición fondos para tecnologías verdes.

Estados Unidos, por ejemplo, invierte unos 112.000 millones de dólares en “greentech”, sobre todo en automóviles híbridos y el desarrollo de baterías de alto rendimiento. China invierte casi 20.000 millones de dólares en técnica verde. En Europa, los paquetes de reactivación económica incluyen 6.000 millones de euros para las energías renovables. Unos 3.500 millones se invierten en infraestructura, 500 millones en parques eólicos marinos y 7.000 millones en la eficiencia energética, para reducir el consumo de energía de autos, edificios y fábricas. El Gobierno alemán invierte de 2009 a 2011 unos 500 millones en la investigación de vehículos eléctricos. La meta es el desarrollo de tecnologías para integrar los vehículos eléctricos e híbridos en las redes de transporte ya existentes.

El potencial de la tecnología de vehículos de bajas emisiones es enorme, resalta la asesoría de empresas McKinsey. Hasta 325.000 millones de euros podrían fac­turarse próximamente en el sector. Los asesores pronostican un crecimiento anual de 30 por ciento. Vehículos híbridos, en los que un motor eléctrico asiste a un motor de combustión, pueden lograr en el 2020 una participación en el mercado de entre 16 y 24 por ciento. También aumenta la eficiencia del motor de combustión. Los componentes para reducir el consumo alcanzarán una facturación de 30.000 a 35.000 millones de euros. Finalmente, también los autos eléctricos y los híbridos “plug in” (la batería puede ser recargada a través de la red eléctrica) desempeñarán un papel importante para la industria del automóvil.

“El futuro pertenece a los automóviles eléctricos de emisión cero”, dice Martin Winterkorn, director general de Volks­wagen, que prueba en Berlín el Golf Twin Drive. Mercedes y la empresa energética RWE ensayan también en Berlín el Smart Eléctrico y BMW/Vattenfall lo intentan con el Mini E, con un tomacorriente en lugar de tanque de gasolina. Los fabricantes invierten masivamente en la técnica de baterías, si bien durante mucho tiempo pareció que los japoneses eran inalcanzables. “Si seguimos así, Alemania tiene buenas posibilidades de contarse pronto entre los países líderes en esa tecnología”, dice Martin Winter, profesor de ciencias de los materiales.

No hay duda que lo ecológico está de moda y crea cada vez más puestos de trabajo. Incluso fabricantes de autos que reducen personal buscan ingenieros eléctricos para la era pos motor de combustión. Para personal altamente cualificado, es una oportunidad dorada, dice Henzelmann: “Se puede hacer carrera más rápidamente que en las profesiones clásicas de ingeniería, se tiene más poder de decisión y se asumen responsabilidades más rápi­damente.”

07.09.09
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